martes, 28 de abril de 2015

Ochenta por ciento agua

Fotografía de Alex Currie. Sin ella no hay texto

El mar es  todo
y   me absorbe 

El mar es la guillotina
     entra en mis pulmones

El mar es oscuro y 
oscuros son mis pensamientos
cuando 
feroz
se acerca sobre el oleaje

El mar es un todo 
--
Ahora quédate quieto y observa
la imagen 
Observa la oscuridad que hipnotiza
tus ojos
Ahora siente
la profundidad 
cómo la imagen te mece
distorsiona tu mente 
se mueven las aguas
tus pulmones se llenan
no sientes más que frío
no puedes respirar
aspira fuertemente
el agua ha colapsado 
tus conductos
el agua se desborda
por tu boca
de tu boca
nacen las algas
de tu boca
asoman
los tentáculos

De tu boca
brota
vida
--

El mar es todo
 y   absorbe



sábado, 25 de abril de 2015

Diarios II


Alison Scarpulla

"¿Acaso bastará escuchar tu silencio 
para dejar de oírte en todo lo que vibra?"

"No conozco tu cuerpo si es que tienes alguno"
Chantal Maillard


El corazón se desborda de su cavidad. Late a una velocidad
estrepitosa.
Noto mis mejillas ardiendo y los poros
                                                          de mis axilas se abren
                                                                                             sudo por todo mi cuerpo.

El grito de los árboles mueve la tierra.
El eco del grito de los árboles yace en mi estómago.
Las hojas verdes caen por mi garganta.

Todo en mí es tierra, agua, sol.

Siento que los pájaros me llaman
aunque no dicen mi nombre
-ellos no saben mi nombre-
  pero me llaman

Con Chantal Maillard el 22 de abril de 2015

Ella me ha preguntado si soy El Señor de los Bosques.
Ella me ha preguntado ¿lo sientes? ¿a él, lo sientes?
Ella no sabía que su pregunta
acabaría
                                                                             por
mi piel.

Todo en mí es agua.


lunes, 20 de abril de 2015

Diarios: I

Mercedes Helnwein

"Mi escritura mira, con los ojos cerrados"
 Helene Cixous

Es 20 de abril y doy pie a un nuevo diario. 
Es 20 de abril y le grito a mi mente, vaga, empresa estratégica que me inhabilita: ¡ya basta!.
Es abril, mediados, casi finales, y el tiempo corre, 
                     vuela, navega, 
                                       se desliza, atraviesa mi cuerpo, las pestañas se caen en mitad del torbellino. 
Abril, con sus sustancias venenosas, su ronroneo estomacal, su inyección hormonal. Abril, suave hormigueo recorre mis pies. Atchis. Atchis. La alergia remolonea a sus anchas en mi nariz. Las pestañas siguen cayendo. Mis manos no pueden parar de moverse. Movimientos circulares, se acercan a mis ojos y los tocan, los rascan, los rasgan; las pestañas siguen cayendo.

Abril, recuerdos.
Abril, intimidación.

Abril es cantar a la primavera. Y a la primavera le canto no con voz, no con la fuerza desgarrada de mis cuerdas vocales. A la primavera le escribo, y aquí, en mitad de este diario loco, admito y reconozco que escribir me llena y, al mismo tiempo, me vacía.  

Siento que el Sol se dirige a mí.
 Sus 20 llamas penetran en mis ojos. 


miércoles, 8 de abril de 2015

Carta de amor a las paredes de cristal


Laura Makabresku
Podéis leerlo también publicado en Fantastic Plastic Mag

No puedo dormir porque truena mi corazón hipocondríaco. Entonces releo una de mis libretas, una de tantas, una que tiene en la portada el mapa de América y en la contraportada buena parte de Europa. Cojo otra, otra de muchas, la que tiene bordados chinos pero se compró en California. Querida Alma, escribí en una: "mi corazón padece de hipocondría, no sé si es porque te has ido y no me sostengo, o porque se han ido los demás y tengo miedo".Tengo miedo de. Tengo miedo de tantas cosas que las resumo con la misma palabra "hipocondría". Porque siento el corazón romperse contra las paredes de cristal que aparecieron aquella  noche ebria. Entonces comienza la parálisis en el cuello, y el pelo creo que se me queda tieso, la vista se me nubla y ¡joder!, dice el oculista que tengo vista de superheroe. Pero yo no soy un superheroe, porque ellos no son hipocondríacos. Luego creo que me desmayo mientras intento palparme el pulso (los superheroes están demasiado ocupados como para preocuparse por sus latidos) pero yo necesito palpar. Saber si las paredes de cristal se van a volver a romper o se van a quedar ahí, medio quebradas aguantando mi inocente y nueva obsesión por controlar el corazón que un día decidí desconectar, solo por convertir la carne en cristal.

 No puedo dormir porque pienso que te quiero, porque puede que esta obsesión sea un reflejo o un castigo. O lo que sea. Algo que merezco por hacerte tanto daño e intentar romper por completo lo que nos mantenía unidas. No puedo dormir porque tengo miedo. Y si cierro los ojos. Y ya no hay nada. Y si cierro los ojos y...