miércoles, 11 de marzo de 2015

Discharge

Ilustración de Agnes Cecile
I.
No hace frío esta noche pero siento una corriente extraña cuando me agarras la cintura. Ni frío, ni calor, ni electricidad. Me siento en caída libre. Tengo la extraña necesidad de saltar desde un helicóptero para probar las nubes, porque cuando mis labios tocan los tuyos y deslizo mi lengua por tu húmeda lengua siento azúcar correr dentro de mi boca. Un enorme algodón de azúcar rosa. Entonces me pregunto si las nubes están más ricas, si saben mejor, si tienen la misma humedad que encuentro en tu boca. Y cuando menos me lo espero estoy rellenando un formulario para flotar en el aire y caer al vacío.

II.

Siempre he disfrutado comparándome con Alice in Wonderland. Elucubrar el por qué de tanta caída y de las galletitas que te hacen cambiar de tamaño. Hasta hace poco pensaba que Lewis Carroll estaba mal de la cabeza y ya está. Luego leí que podría haber tenido relaciones con la pequeña Alice Liddell, quien supuestamente le inspiró para escribir sobre el mundo paralelo de Alicia. Pero todo esto qué mas da. La cuestión es que me siento Alicia. Una voz en mi cabeza brama mi nombre y de pronto, caen letras que forman un rompecabezas. Y caigo. Y caigo. Y caigo. Y qué nos importará a nosotros si Dogson estaba enamorado de la pequeña Liddell y si le correspondía. Solo nos importa sentir el peso del flujo cuando caemos. Cuando me besas, con la boca húmeda, yo siento el flujo del viento, el flujo de los ríos, el flujo del cuerpo humano. Mi flujo caer conmigo.