miércoles, 31 de diciembre de 2014

21 libros que despiden el 2014


Fotografía de Aneta Ivanova
(Este es el resultado de un reto de última hora. Se trata de un texto que recopila una serie de libros que he leído-entre otros muchos- este año que ya se nos escapa entre suspiros. Los títulos se encuentran en cursiva)

Es más amplio el recorrido imaginario que he ido forjando a lo largo de los días de este extraño año, que el realizado en cuestión. Han sido de madera los muros de la casa de mi memoria y ante 235/365 tempestades se han desgastado, hasta caer en el duro precipicio de los huecos de mi universo cerebral:

La mala digestión sufrida a raíz de los golpes del sol en mi espalda y la cal del agua en las rodillas. No hay otra forma que paliarla que tumbarme entre hojas de hierba secas mientras pienso en los cien años de soledad de aquel pájaro, sin hogar, que vuela y quiere ser lirio y serpiente.

Que esta noche no hay luna llena, por supuesto, de algo he de estar segura. Pero no me castiguen si me encuentran fingiendo honrar un punto blanco en el cielo, redondo en su hermosura, mientras lo invoco con los conjuros de aquel libro sobre el que estaba, entre las hojas secas, el pájaro-serpiente. Bajo la misma estrella de aquel punto blanco nacieron fuegos boreales. ¡Adelante! Bajad y darme el beso más pequeño nunca visto y hacer de mí la alargada sombra del amor, que da cobijo a los que fueron traicionados por poderosos y hacedores del mal.

Tal y como avanzan los meses, surgen nuevos miembros de aquella, la otra genealogía del más allá, y a la par que yo navego en aguas paralelas a las de Caronte me encuentro con la tumba del marinero que amó demasiado, el relato de un náufrago que pasó más de 8 días en el mar, aferrado en un instante de muerte que no llegaba: “¿y si decido quedarme?”, él mismo se respondió: “me comerán los tiburones a las cinco de la tarde. No es quedarse, si no volver la solución.”

Tras ese breve interludio, la corriente del tiempo me arrastra a los brazos de una ciudad cercana, a un Tokio blues en la tarde y, de pronto suena bajo las mantas de la noche la campana de cristal de una sirena-“se llamaba Ariel”- encerrada en un frasco de amor. “¡Canta, canta, rescátame de mi propia Odisea, luego arráncame este miedo cerval a las aguas oscuras y sé libre!”

Puede que haya sido amplio el recorrido imaginario que he ido forjando a lo largo de los días de este extraño año, que el realizado en cuestión. Puede que las sirenas me hayan comido en vez de liberado, que Tokio me mantuviera días en cama, que los tiburones y Caronte me llevaran donde me carcome el miedo, y sin moneda a cambio. Puede que el pájaro se convirtiera en lirio y no en serpiente, y que matara a Platón en vez de horrorizar a las estrellas. Puede que haya sido amplio el recorrido, pero no imaginario. En ese caso, si no me crees pregúntale al polvo.

martes, 23 de diciembre de 2014

Navidad con la Dama Gris

Ilustración para el texto de Leaevra
El siguiente texto con esta hermosa ilustración se encuentra en la Antología Navideña que he editado para estas fechas con la colaboración de 22 participantes. Aquí podéis leerla y disfrutarla.
*
¿Dónde estás?
Las calles piden a gritos Navidad, los gatos han dejado de maullar,  las palomas vienen a mi ventana. No te ven. Porque no estás, y se van.

Ululan.

Las hojas de los árboles caen más despacio, yo las recojo como buena descendiente de  Grettel. Elaboro un mapa de esos que dicen: “vuelve a casa, que ya es Navidad”.

La noche se agita en su espesura. Mi Diosa te busca desde lo alto del cielo, pero no sé si te ve porque siempre todo lo calla. Es la Diosa de la noche y la Dama Gris de los secretos.

Paseo por las calles decoradas de Adviento. Hay luces del pasado, del presente y del futuro.
**
Las luces me han llevado hasta una sibila para que me engañe y me vuelva más loca.
Una adivina.

Una encantadora.
Una hechicera.
Una Maga.
Un Nigromante.
 Un médium.
Una mala pécora, pérfida, víbora y arpía.

Nada. No te encuentran, porque no quieres. Porque eres bello como el sol naciente, y tus cabellos ondean la bandera dorada del deseo.

***
¿Dónde estás?

Ya es Navidad, y no tenemos árbol, no hay canciones, villancicos, guirnaldas. No hay muérdago, lo he regalado a los transeúntes perdidos de las calles de Adviento, porque no estás para besarme al Alma.

Yo creo que corazón ya no tengo, me dicen en sueños.

****
Oh, Diosa del cielo, comparte tus secretos conmigo. Me alzaré a tu lado y pintaré más estrellas en el cielo, te llevaré un poquito de amor y te arrancaré la soledad. Oh Diosa del cielo, gracias.
Asciendo.
****
¿Dónde estás? Me alzo junto a Ella y te busco. No te encuentro, no hay luces de colores que me lleven hasta tu corazón nevado.
Oh, Diosa, ahora vengo, voy a colorearte el cielo como el Adviento.
¿Le has encontrado, Dama Gris? ¿Dónde está?
¿Dónde estás?

La noche, las estrellas y el Universo caen sobre mi cabeza. Me deslizo, vuelo, desciendo.

Soy Alicia y veo conejos que llegan tarde. ¿Una taza de té? No, gracias. Soy Alicia y caigo en un mullido colchón de mentiras.

Ahí está, dice mi Diosa: Cantando canciones de Navidad al otro lado del mundo, sentado en la barra del bar ondeando su bandera dorada, rodeado de damas hambrientas que desconocen el origen de su corazón nevado.

Paseo sola por las calles decoradas de Adviento. Hay luces del pasado, del presente y del futuro, y yo sólo quiero desaparecer.

(¡Felices fiestas!)


jueves, 18 de diciembre de 2014

Trance

Imagen de Henar Bengale
Próximamente aquí más poemas del Fanzine poético "Mala digestión", 
en el que he participado.
(Versión extendida del poema, 
en Mala Digestión versión acortada)

I

Hay un silencio que se dobla, dos veces,
cuerpo y pensamiento. Se filtra por las paredes finas;
navega por mi piel y se sumerge en las profundidades
oceánicas de mi estómago, lleno de remordimientos.


II
La reverberación de una luz intermitente,
aunque sombría, despierta mis ganas de continuar
viajando a la cocina descalza, por si la vida acecha de nuevo.
Guardo silencio en esta soledad, desdoblándolo.

III
Consumo
y me consumo, ligeramente sobre las frías preocupaciones
que salpican el suelo

IV
Paso los días en trance, sin embargo no hay calma.
la noche me destierra de la cama, despojada
del silencio que me dobla y me transporta al limbo
donde suspiran los otros que no vemos.

V
Consumo
siento que me consumo, pero la noche me atrapa
en una noria infernal, de subidas incómodas;
estoy bajando en un trono de nube melosa.

VI
La nube me ha dejado sobre la cama, pero
la noche me  repudia, tantas veces como siento
la noria infernal funcionando de nuevo en mi estómago.
Paseo descalza al aseo de enfrente.

VII

La calma roza mis mejillas.
No puedo desterrar los pensamientos, la noria
continúa girando. El suelo está frío, mi garganta
se fatiga, no guarda silencio en la soledad.

Ahora estoy callada, pero se oye el grito que vive en mí.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Bailan, bailan las letras



A mi madre le bailan las letras.
Ya no le obedecen las palabras impresas, 
ahora escapan y juegan a desaparecer.

A mi madre le bailan las letras.
Las palabras se han atiborrado de alucinógenos y se multiplican por cuatro,
corriendo de un renglón a otro la maratón
“haber-quién-me-lee-antes”.

A mi madre le bailan las letras.
Se aprietan unas contra otras, luchan por construir una pirámide mientras
caen en el intento.
Juegan a la retórica e hipnotizan con sentimientos tristes
“no-volverás-a-leer”.

A mi madre le bailan las letras.
Porque ha retenido mucho amor en sus pupilas
porque sus ojos se han bañado en el agua salada de sus lágrimas
sin dejar que estas deshagan un surco de maquillaje en su cara.

Mi madre ya no quiere bailar con las letras.
Teme que no pueda ver
los logros de su heredero
 y que todo lo conciba al revés.

Las letras le bailan a mi madre
dicen que aún puede ver.
Le cantan en susurros alabanzas
Santa Lucía, Santa Lucía

A mi madre le bailan las letras
pero no quiere bailar junto a ellas.
Solo quiere sentarse y mirar
nuestras caras sin una máscara terrorífica delante.

Mamá quiere mirarse en el espejo
Mamá quiere pintarse las pestañas

Mi madre solo quiere cerrar los ojos
Y que al abrirlos
Las letras no bailen.




lunes, 1 de diciembre de 2014

El nacimiento


 Benjamin Lacombe

“-Estaba acojonado de dolor. O sea, por si dolía.
-¿Morir?
-No, el dolor. Me da miedo el dolor. 
Mucho”
Estoy dentro del estómago,
Me crezco. Se agranda
Soy un feto mal situado, el repudio de la vida,
Aborto, crimen.
Estoy en el estómago, lo pincho,
Lo maltrato.
Succiono, me succiono.
Me siento grande, carnosa,
Sin hueso, sin mácula.
Bebo, absorbo el líquido,
Me atiborro de mí.

Me crezco, -¡NO!-
Como, me succiono, absorbo, devoro
la comida, devoro mis nervios.
Los nervios se retuercen, no quieren desaparecer.
Los nervios se esparcen,
pinchan el esófago, llegan a la tráquea.
Vómito.
Me como los nervios.
Tengo la boca manchada de grasa.
Tengo la boca manchada de miedo,
Tengo los labios mojados de dolor.
Tengo restos de náusea en la barbilla.
Estoy dentro del estómago,
Crezco.

Me arranco la carne con las manos,
Me como con violencia,
Me abro y pompas emergen hacia la superficie.
Vuelvo a nacer. Entre desechos,
entre estómagos, entre costillas rotas.
Crezco.
              Soy un cervatillo.
Señor, me he comido los nervios,
No caminan mis pies,
no se mueven mis piernas.
¿Dónde estoy?
Soy un neonato recién alumbrado.
Soy una recién-llegada-al-mundo
envuelta en carne rosada.
Señor, me he succionado mis nervios,
                Soy un cervatillo,
no siento mis dedos.

¿Qué es esa luz que ciega?
¿Dónde está el calor de mi envoltura?
Siento frío.
Tengo los muslos morados y el cabello claro.
Siento un fuego que arrasa mis ojos.
¿Qué son estos pinchazos? ¿Y estos latidos?
¿Por qué siento golpes en mi pecho?
¿Qué significado tiene la sangre desbordada de mi cuerpo?
               Me duele la vida. Me duele volver a nacer.