miércoles, 31 de diciembre de 2014

21 libros que despiden el 2014


Fotografía de Aneta Ivanova
(Este es el resultado de un reto de última hora. Se trata de un texto que recopila una serie de libros que he leído-entre otros muchos- este año que ya se nos escapa entre suspiros. Los títulos se encuentran en cursiva)

Es más amplio el recorrido imaginario que he ido forjando a lo largo de los días de este extraño año, que el realizado en cuestión. Han sido de madera los muros de la casa de mi memoria y ante 235/365 tempestades se han desgastado, hasta caer en el duro precipicio de los huecos de mi universo cerebral:

La mala digestión sufrida a raíz de los golpes del sol en mi espalda y la cal del agua en las rodillas. No hay otra forma que paliarla que tumbarme entre hojas de hierba secas mientras pienso en los cien años de soledad de aquel pájaro, sin hogar, que vuela y quiere ser lirio y serpiente.

Que esta noche no hay luna llena, por supuesto, de algo he de estar segura. Pero no me castiguen si me encuentran fingiendo honrar un punto blanco en el cielo, redondo en su hermosura, mientras lo invoco con los conjuros de aquel libro sobre el que estaba, entre las hojas secas, el pájaro-serpiente. Bajo la misma estrella de aquel punto blanco nacieron fuegos boreales. ¡Adelante! Bajad y darme el beso más pequeño nunca visto y hacer de mí la alargada sombra del amor, que da cobijo a los que fueron traicionados por poderosos y hacedores del mal.

Tal y como avanzan los meses, surgen nuevos miembros de aquella, la otra genealogía del más allá, y a la par que yo navego en aguas paralelas a las de Caronte me encuentro con la tumba del marinero que amó demasiado, el relato de un náufrago que pasó más de 8 días en el mar, aferrado en un instante de muerte que no llegaba: “¿y si decido quedarme?”, él mismo se respondió: “me comerán los tiburones a las cinco de la tarde. No es quedarse, si no volver la solución.”

Tras ese breve interludio, la corriente del tiempo me arrastra a los brazos de una ciudad cercana, a un Tokio blues en la tarde y, de pronto suena bajo las mantas de la noche la campana de cristal de una sirena-“se llamaba Ariel”- encerrada en un frasco de amor. “¡Canta, canta, rescátame de mi propia Odisea, luego arráncame este miedo cerval a las aguas oscuras y sé libre!”

Puede que haya sido amplio el recorrido imaginario que he ido forjando a lo largo de los días de este extraño año, que el realizado en cuestión. Puede que las sirenas me hayan comido en vez de liberado, que Tokio me mantuviera días en cama, que los tiburones y Caronte me llevaran donde me carcome el miedo, y sin moneda a cambio. Puede que el pájaro se convirtiera en lirio y no en serpiente, y que matara a Platón en vez de horrorizar a las estrellas. Puede que haya sido amplio el recorrido, pero no imaginario. En ese caso, si no me crees pregúntale al polvo.

martes, 23 de diciembre de 2014

Navidad con la Dama Gris

Ilustración para el texto de Leaevra
El siguiente texto con esta hermosa ilustración se encuentra en la Antología Navideña que he editado para estas fechas con la colaboración de 22 participantes. Aquí podéis leerla y disfrutarla.
*
¿Dónde estás?
Las calles piden a gritos Navidad, los gatos han dejado de maullar,  las palomas vienen a mi ventana. No te ven. Porque no estás, y se van.

Ululan.

Las hojas de los árboles caen más despacio, yo las recojo como buena descendiente de  Grettel. Elaboro un mapa de esos que dicen: “vuelve a casa, que ya es Navidad”.

La noche se agita en su espesura. Mi Diosa te busca desde lo alto del cielo, pero no sé si te ve porque siempre todo lo calla. Es la Diosa de la noche y la Dama Gris de los secretos.

Paseo por las calles decoradas de Adviento. Hay luces del pasado, del presente y del futuro.
**
Las luces me han llevado hasta una sibila para que me engañe y me vuelva más loca.
Una adivina.

Una encantadora.
Una hechicera.
Una Maga.
Un Nigromante.
 Un médium.
Una mala pécora, pérfida, víbora y arpía.

Nada. No te encuentran, porque no quieres. Porque eres bello como el sol naciente, y tus cabellos ondean la bandera dorada del deseo.

***
¿Dónde estás?

Ya es Navidad, y no tenemos árbol, no hay canciones, villancicos, guirnaldas. No hay muérdago, lo he regalado a los transeúntes perdidos de las calles de Adviento, porque no estás para besarme al Alma.

Yo creo que corazón ya no tengo, me dicen en sueños.

****
Oh, Diosa del cielo, comparte tus secretos conmigo. Me alzaré a tu lado y pintaré más estrellas en el cielo, te llevaré un poquito de amor y te arrancaré la soledad. Oh Diosa del cielo, gracias.
Asciendo.
****
¿Dónde estás? Me alzo junto a Ella y te busco. No te encuentro, no hay luces de colores que me lleven hasta tu corazón nevado.
Oh, Diosa, ahora vengo, voy a colorearte el cielo como el Adviento.
¿Le has encontrado, Dama Gris? ¿Dónde está?
¿Dónde estás?

La noche, las estrellas y el Universo caen sobre mi cabeza. Me deslizo, vuelo, desciendo.

Soy Alicia y veo conejos que llegan tarde. ¿Una taza de té? No, gracias. Soy Alicia y caigo en un mullido colchón de mentiras.

Ahí está, dice mi Diosa: Cantando canciones de Navidad al otro lado del mundo, sentado en la barra del bar ondeando su bandera dorada, rodeado de damas hambrientas que desconocen el origen de su corazón nevado.

Paseo sola por las calles decoradas de Adviento. Hay luces del pasado, del presente y del futuro, y yo sólo quiero desaparecer.

(¡Felices fiestas!)


jueves, 18 de diciembre de 2014

Trance

Imagen de Henar Bengale
Próximamente aquí más poemas del Fanzine poético "Mala digestión", 
en el que he participado.
(Versión extendida del poema, 
en Mala Digestión versión acortada)

I

Hay un silencio que se dobla, dos veces,
cuerpo y pensamiento. Se filtra por las paredes finas;
navega por mi piel y se sumerge en las profundidades
oceánicas de mi estómago, lleno de remordimientos.


II
La reverberación de una luz intermitente,
aunque sombría, despierta mis ganas de continuar
viajando a la cocina descalza, por si la vida acecha de nuevo.
Guardo silencio en esta soledad, desdoblándolo.

III
Consumo
y me consumo, ligeramente sobre las frías preocupaciones
que salpican el suelo

IV
Paso los días en trance, sin embargo no hay calma.
la noche me destierra de la cama, despojada
del silencio que me dobla y me transporta al limbo
donde suspiran los otros que no vemos.

V
Consumo
siento que me consumo, pero la noche me atrapa
en una noria infernal, de subidas incómodas;
estoy bajando en un trono de nube melosa.

VI
La nube me ha dejado sobre la cama, pero
la noche me  repudia, tantas veces como siento
la noria infernal funcionando de nuevo en mi estómago.
Paseo descalza al aseo de enfrente.

VII

La calma roza mis mejillas.
No puedo desterrar los pensamientos, la noria
continúa girando. El suelo está frío, mi garganta
se fatiga, no guarda silencio en la soledad.

Ahora estoy callada, pero se oye el grito que vive en mí.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Bailan, bailan las letras



A mi madre le bailan las letras.
Ya no le obedecen las palabras impresas, 
ahora escapan y juegan a desaparecer.

A mi madre le bailan las letras.
Las palabras se han atiborrado de alucinógenos y se multiplican por cuatro,
corriendo de un renglón a otro la maratón
“haber-quién-me-lee-antes”.

A mi madre le bailan las letras.
Se aprietan unas contra otras, luchan por construir una pirámide mientras
caen en el intento.
Juegan a la retórica e hipnotizan con sentimientos tristes
“no-volverás-a-leer”.

A mi madre le bailan las letras.
Porque ha retenido mucho amor en sus pupilas
porque sus ojos se han bañado en el agua salada de sus lágrimas
sin dejar que estas deshagan un surco de maquillaje en su cara.

Mi madre ya no quiere bailar con las letras.
Teme que no pueda ver
los logros de su heredero
 y que todo lo conciba al revés.

Las letras le bailan a mi madre
dicen que aún puede ver.
Le cantan en susurros alabanzas
Santa Lucía, Santa Lucía

A mi madre le bailan las letras
pero no quiere bailar junto a ellas.
Solo quiere sentarse y mirar
nuestras caras sin una máscara terrorífica delante.

Mamá quiere mirarse en el espejo
Mamá quiere pintarse las pestañas

Mi madre solo quiere cerrar los ojos
Y que al abrirlos
Las letras no bailen.




lunes, 1 de diciembre de 2014

El nacimiento


 Benjamin Lacombe

“-Estaba acojonado de dolor. O sea, por si dolía.
-¿Morir?
-No, el dolor. Me da miedo el dolor. 
Mucho”
Estoy dentro del estómago,
Me crezco. Se agranda
Soy un feto mal situado, el repudio de la vida,
Aborto, crimen.
Estoy en el estómago, lo pincho,
Lo maltrato.
Succiono, me succiono.
Me siento grande, carnosa,
Sin hueso, sin mácula.
Bebo, absorbo el líquido,
Me atiborro de mí.

Me crezco, -¡NO!-
Como, me succiono, absorbo, devoro
la comida, devoro mis nervios.
Los nervios se retuercen, no quieren desaparecer.
Los nervios se esparcen,
pinchan el esófago, llegan a la tráquea.
Vómito.
Me como los nervios.
Tengo la boca manchada de grasa.
Tengo la boca manchada de miedo,
Tengo los labios mojados de dolor.
Tengo restos de náusea en la barbilla.
Estoy dentro del estómago,
Crezco.

Me arranco la carne con las manos,
Me como con violencia,
Me abro y pompas emergen hacia la superficie.
Vuelvo a nacer. Entre desechos,
entre estómagos, entre costillas rotas.
Crezco.
              Soy un cervatillo.
Señor, me he comido los nervios,
No caminan mis pies,
no se mueven mis piernas.
¿Dónde estoy?
Soy un neonato recién alumbrado.
Soy una recién-llegada-al-mundo
envuelta en carne rosada.
Señor, me he succionado mis nervios,
                Soy un cervatillo,
no siento mis dedos.

¿Qué es esa luz que ciega?
¿Dónde está el calor de mi envoltura?
Siento frío.
Tengo los muslos morados y el cabello claro.
Siento un fuego que arrasa mis ojos.
¿Qué son estos pinchazos? ¿Y estos latidos?
¿Por qué siento golpes en mi pecho?
¿Qué significado tiene la sangre desbordada de mi cuerpo?
               Me duele la vida. Me duele volver a nacer.

jueves, 27 de noviembre de 2014

(Poemas oscuros VI) Me coroné non grata


Yo repudié la vida, rechacé el sol que calienta nuestros párpados y el frío que agrieta nuestros labios encarnados.

Rechacé el olor a familia y el despertar alegre con el trémulo canto de los pájaros diminutos, que veranean en jaulas de colores.

Yo rehusé de ti, de mis amigos, de mi familia, del cielo, de los ángeles, de Dios. Perdí mi Alma en cada batalla, echó a correr en cuanto el vómito  regó el barniz del suelo, el frío del mármol, la madera del lápiz, el plástico del cepillo de dientes, los huesos de mis dedos y de mis nudillos.

Negué el día, negué la noche. Mi tez blanca, el reflejo de la luna, el fulgor de las estrellas, las pecas de tu cuello, el vello de tu espalda, el calor de tu garganta. Perdí mi Alma y me quedé sola.

Con ellas.

Fuego y hielo.

Repudié la adolescencia, estúpida sobredosis psicótica, la genética, la ciencia, la Salvación.

Me bañé en un Valle de Lágrimas, más virgen que ella, más enferma que la neblina de sus ojos.

Limpié mis manos y las heridas de mis dedos. La piel reseca, los cortes rosas, las estrías blancas, las estrías rojas, la celulitis invisible, la maraña de pelo en mis manos.

Entre las algas y los peces del lago del Valle hay piedras y limas. Aún hay aire bajo la superficie, mis manos se apropian de una piedra alargada y plana.

Me limo los pies para hacerlos más pequeños, me limo el segundo dedo para que no sea más largo que el primero. Me arranco las pieles muertas. No sangro. Me limo las caderas con fuerza, luego despacio y disfruto como si una sirena me embrujara con sus cánticos malditos. Ahora el fruto dolerá más. Dar a luz será más difícil, pero yo tengo las caderas finas y estrechas. 

No lloro porque duela, lloro porque no olvido. Porque ahora estoy marcada de puntos blancos, rojos, rosas, azules, violáceos, Universo. Ahora tengo estrías, donde antes había carne y hueso.

Hace frío y la sangre se congela.

Yo  burlé a la muerte, me coroné non grata y tenté al pecado. 
Yo me burlé de la muerte, y ahora ella se ríe de mí. 

Ilustración realizada para este texto
de Javier López, Jaén.
(Muchas gracias)
(Mi cabello sufre, mi garganta sufre, mis dedos sufren, mi esófago sufre, los latidos sufren, la tripa sufre, los recuerdos gritan)

domingo, 23 de noviembre de 2014

El llanto de tu madre


He acunado a tu madre en sueños.

Lloraba porque te habías ido y no le habías dicho adiós.
Lloraba porque el amor se le salía del pecho y le salían estrías por los hombros, 
los brazos, el cuello, la garganta.

El amor le atravesaba los huesos y sobresalía la carne ardiendo
en fuego rojo,


sangre. 


Tu madre llora en mi oído,
me canta las nanas que te susurraba al nacer.
Dibuja con la vejez de sus dedos las letras de tu nombre
al revés. 

Dibuja con la vejez de sus dedos, se secan las lágrimas
en la vejez de sus dedos. 

Ya no llora, ya no canta, tu ausencia le ha dejado muda.

Ya no late, ya no sangra, el silencio de tus palabras 
ha sentenciado su pobre corazón, menudo y viejo, 
basto en el arte de amar y manso en el arte de esperar. 

He acunado a tu madre entre mis brazos.
Estoy sola,
me encuentro sola. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Metamorfosis en tu cama


"I'll wrap up my bones
And leave them out of this home
Out on the road
-
It's spiraling down
Biting words like a wolf howling
Hate is spitting out each others mouths
But we're still sleeping like we're lovers"
**
**

Estoy en la cama, estoy en el sofá
estoy en la ducha
en tu cama, en tu sofá
en tu ducha.
Convulsiono, tiemblo,
metamorfosis.

Me arden las venas, quiero rajarme los brazos
para que fluya el dolor y vaciarme.
Quiero exhalar,
con medio litro de sangre en el cuerpo;
volar sobre vuestras camas
y posarme en las caderas de aquellos en los que en vida no pude.

Y deseé
ávida de amor,

hambrienta de dolor ajeno

sábado, 15 de noviembre de 2014

Anoche soñé contigo y seguías aquí



Anoche soñé contigo,
No tenías los ojos rojos ni un universo violáceo en las ojeras.
Tu nariz era tu nariz y no aquella fosa nasal que anunciaba muerte,
Tus mejillas ya no eran globos hinchados de dolor y sangre.
Tu cabeza era sinónimo de pelo y pensamientos obscenos.
No te dolía, no conocías la oscura profundidad del dolor
y lo que venía después.
Tus manos hacían música y tu risa
producía que las cuerdas de todos los instrumentos sintieran envidia.
La guitarra se estremecía contigo.

Neruda me susurra al oído es tan corto el amor y tan largo el olvido
Y yo mientras, escribo sobre el tono de tu voz y el ritmo de tus palabras,
Porque es largo el olvido pero en ocasiones, traicionero,
Y lo que no quiero perder lo pierdo, se esfuma, se me escapa de entre los dedos
Y no te encuentro por los rincones de mi mente: te ha raptado el olvido.

Anoche soñé con el desierto de tus ojos inertes
Y me desperté, navegando en una cama de lágrimas y desconsuelo.





 (You will always be in my heart)

martes, 11 de noviembre de 2014

Hoy he descubierto que no soy real

Ilustración de Agnes Cecile

Acaricio mi mano, la del reflejo en el cristal.

Deslizo suavemente los dedos sobre mi muñeca derecha y la acaricio.
                                         
Es tan frágil.

Es un cristal de milano. Un tulipán delicado, es rojo

el tulipán,

como la sangre que brota de las venas azules.

El reflejo no sangra, solo sonríe y se acaricia las manos.

Yo sangro, mi reflejo no.

 ¿Quién eres? ¿Quién soy yo?

Mi reflejo se ha punzado las muñecas, 

ha derramado sangre de sus venas,

 pero ya no sangra.

Mi reflejo no sangra,

solo sangro yo

martes, 28 de octubre de 2014

Poemas Oscuros V

Ilustración de Naiara F. ,
que aceptó colaborar conmigo en dibujar
lo que este texto le sugería,
 y este es el resultado: "Sin rostro"
-Mirror-

Estoy dentro, en el espejo, pero no me ven.
Siento que me miran, profundamente, a los ojos
 rojos, tan rojos como los tulipanes sangrantes.

No puedo luchar.
Estoy dentro del espejo, pero no me ven,
agarro sus manos y resbalan en el cristal, dejando una huella roja
     rojo tulipán.

Les miro, a través de todos los reflejos.
Uno de ellos debo ser yo misma, pero no me encuentro
El reflejo os sigue, pero no me veis dentro.

Es fácil encontrarse en cualquier cristal.
Yo estoy en el reflejo pero no me veo, os miro. Ahí estáis
Con ojos crispados, observando algo. Nada.


Os miro, las lágrimas resbalan por el espejo, chirriando
Como cristal rallado por garras negras.
Quiero trepar por vuestros ojos; tengo que gritar.

Aquí no amanece, no hay luna, ni sol.
Hay sombras nuevas que susurran lo que os pasa.
Hay muchos cristales rallados; oigo gritos.


Me rodea la penumbra, no hay luz, solo enfermedad
Os miro, cada uno por su lado, irradiáis dolor
Y atraviesa el espejo; enfermedad.

Como un fruto depresivo, me agazapo, rodeo mis rodillas
Os miro a todos, no me veis, yo tampoco me veo.
Pero vuestros ojos están nublados; tengo que gritar.


La piel está enferma, las venas están enfermas,
Los ojos son como tulipanes, de los que la sangre brota
y cae sobre los pies; pedicura barata.

La luz no penetra en el cristal; veo una puerta y rejas.
Se ríen las sombras, y gritan, chirrían más espejos, y gritan.
Miro a través del espejo y os veo.


No hablo, vosotros tampoco. Pero no hay silencio, las sombras están aquí.
Veo enfermedad en vuestros ojos
Nadie abre la boca, pero no hay silencio.

La puerta se abre y entra luz; rebota en mis espejos.
No quiero salir de mi espejo, no deseo oler la enfermedad de los demás.
Ellos me necesitan, al otro lado del cristal.


Las sombras son demasiado ruidosas, huelen a tierra mojada.
Sobre mi cuerpo cae polvo en forma de luz
Tengo que volver a mi espejo, ahora me verán si llevo luz.

Las sombras me devuelven a mi morada de cristal.
He vuelto Oscuridad, pero en el bolsillo llevo luz
Me siento como una cosa sin cuerpo, solo con un poco de luz.


Mis manos rozan el espejo, venís
Tengo para todos, ahora nos podremos ver.
La luz se alza sobre mi cuerpo, cae como la lluvia; quiero gritar.

Todo es un engaño: el silencio y los espejos
No quiero más luz, no quiero volver a veros:
enfermos del cristal.

Puede que tal vez me quede a oscuras. Voy a tragarme las motas de luz
Y explotar, como una caja de cerillas.
Sólo así tal vez podré ser tulipán, y no reflejo en un cristal.


La sangre brota limpia.

(Gracias a Naiara por colaborar.
  Aquí podéis acceder a su página)

domingo, 26 de octubre de 2014

Poemas Oscuros IV

Gritos de fantasma
Escucha mientras lees: Chandelier- Sia
(Este vídeo plasma 
algo que viví hace 4 años
 y no tuve más remedio 
que a partir de él 
hacer este texto)
Mi garganta contiene los gritos, los quejidos.
El llanto abre un camino oscuro en la tez albina
Mi garganta contiene mis gritos silenciosos.

1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo. 1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo.

Mi sangre es adicta: quiero más
dame el calor de tu piel, dame el color de tus ojos,
Invítame a entrar, prometo no quedarme;
Para que llores y grites.

Mi garganta contiene mis gritos, mis quejidos.
No te oigo, quiero que me regales tus gritos
y restregarlos por mi piel blanca,
mezclarlos con sudor y lágrimas.
No intentes seducirme, soy yo quien te maneja,
Soy yo quien llama: pero no esta noche.
Esta noche solo quiero mantenerme con vida.

1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo. 1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo.

Estoy esperando a que tus gritos congelen el aire.
No te oigo, regálame tus gritos.
Yo no soy suficiente, no tengo suficientes gritos.

1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo. 1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo.

Esta noche solo pretendo mantenerme viva.
Solo esta noche,
Quiero volar como los pájaros y gritar, libre.


Solo esta noche; viva por esta noche.
Las ventanas no dejan entrar tus gritos que vienen
a por mí, entrad en mi garganta.

1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo.1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo.

Los cristales se empañan de tu voz, son fantasmas
que me van a hacer volar sobre las cabezas
que permanecen en la tierra.

Pero por esta noche, me mantengo viva
porque otra noche llenaré el cielo de gritos

1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo. 1, 2, 3, 1, 2, 3, bebo.

Cuando sea fantasma,  me colaré en tu garganta
atravesaré los cristales a gritos, pero
por esta noche, solo me mantendré viva.

Para soñar
         por última vez
                       con tu garganta viva, ardiente.
Porque mañana
será parte de mí
        Y tú volarás conmigo,
                                                Fantasma,
                                                                     en el cielo.

Ilustración de Nuria Pazos inspirada en este poema. Es maravillosa.

jueves, 23 de octubre de 2014

Arde, fuego

Artist: Agnes Cecile

I.
Quiero prender fuego.
A ti, que no miras más allá
De mis pechos y mis caderas.
Prender fuego – tu camisa negra y amarilla, la de hombreras-
A ti, porque deseas solo el deseo. Y no más.
No llegas a ver el dolor de mis ojos.

Por eso, quiero prender fuego
A esa gorra que no te deja ir,
Ir más allá de lo legal.
Tu boca y tú.
Esa endeudada.
Así mismo, quiero que arda, tu boca
La de “bésame aquí” y “ahora baja un poco”.

II.
Me pronuncio contra tu sexo.
Voy a formar un aquelarre  de corazones no-embrujados
Y conjurar a base de suspiros, llantos y maquillaje corrido
Un hechizo hambriento de dolor.
Y quemarte.
Hacerte arder.

¡Magia negra, magia gris, ente oscuro, calamidad infinita!
¡Fuego!

Quiero verte arder y que tu sombra se fragmente en  mil pedazos irrisorios.
Quiero lamerme los labios
Y saborear el regusto
Sexual
De tu sexo fragmentado en mil pedazos.
Me jacto.
Aquí me pronuncio contra tu sexo volatilizado.

Y me jacto.
Porque aun incorpóreo ser invisible
Te posas agresivamente sobre mis pechos
Y te deslizas, tobogán, por el monte de la deidad más bella.
Los gigantes también se jactan de ti,
En los pasillos del Olimpo.


miércoles, 8 de octubre de 2014

Naufragio

                                       Artist: Agnes Cecile
                      Escucha mientras lees-despacito- https://www.youtube.com/watch?v=R23bifAbWWs

No hay naufragio mejor que el de mis cabellos, cuando los mece la brisa fresca de la noche. La lluvia cae, estrellándose con rabia contra el asfalto, dejando huella como en las grandes despedidas. Tan pronto cae, de forma atormentada, estridentemente, como sumisa, apenas perceptible en esta balsa nocturna de estrellas brillantes.

Me sumerjo en el océano oscuro de la calle. Buceo entre las ramas de los árboles, que bailan moviéndose de un lado a otro y yo bailo con ellas, con los brazos extendidos, el pelo mojado por la lluvia y el vestido girando violentamente. Contengo la respiración  y sigo buceando, entre corrientes  y acantilados.

Todas las estrellas se acompasan en un mismo camino, brillan galantes, coqueteando con su reflejo. Yo las miro, ¡y grito de felicidad! Les sigo el juego y coqueteo  con ellas, con mi reflejo. Me atrapan, como una sirena a sus marineros, y me arrastran por las calles mojadas. Grito. He perdido mi reflejo, las estrellas ya no coquetean, ahora solo brillan, más pálidas que antes.

De mi boca salen burbujas, grandes burbujas de colores. Flotan a mí alrededor, surgiendo más y más. Y de ellas sales tú. Tú y mis recuerdos sobre ti: tú afeitándote temprano, con abundante espuma en las facciones, restregando con delicadeza la navaja de abajo a arriba. Tú, fuerte y moreno, trayendo mi desayuno favorito; leyendo el periódico mecido en la butaca azul, al lado de la ventana, besado por los rayos del sol y la fragancia de las flores. Tú y las mañanas en el campo, recogiendo fruta y mojándome con la manguera. Recogiendo moras y frambuesas, hasta terminar con la boca colorada y la ropa teñida de otro color; las despedidas bajo el sol, con lágrimas brotando de mis ojos […]

Las burbujas me persiguen, explotan en mi nariz, en mi boca, en mis oídos, dejando el pardo sonido de tu risa. Me siento en mitad de un ritual salvaje de dolor. De gritos ahogados y sacudidas de tierra. Camino, cada vez más rápido, de espaldas, hipnotizada por el sonido de las pompas al romperse con el tacto de la lluvia y el eco de tu voz. Corro, con el peso de mi corazón sobre las piernas.
Acelero, tratando de dejar atrás los anhelos- tu camisa de cuadros rosa y blanca- hasta toparme con el vacío, el infinito de los infinitos. Un agujero negro, lleno de burbujas de colores con el reflejo fugaz de las estrellas. Un vacío de estómago.  Un vacío cósmico. La tentación de la serpiente a un paso. El susurro del fin del naufragio de mis cabellos. Sólo en un paso. El fin de las tormentas y las sacudidas de mi cabeza, el fin de las corrientes que me arrastraban al océano. A un paso.

A un paso. Siento cómo la corriente me empuja hacia la oscuridad. Las burbujas explotan en mi pelo, haciendo eco - eco, eco, eco, eco-de tu “nos veremos pronto”.


A un paso. Sólo a un paso.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Miel en las venas















Rasgarme, únicamente,
La piel para que broten palabras en forma de miel.
Dulces espasmos fragmentados
como el cristal de milano
de aquella tarde,
¿Te acuerdas? Yo tampoco

Porque me borraste las esquinas
con papel de fumar
Y marcaste, un poco más,
Las miradas de adiós a lo largo de la espalda.
Y me llegó a la columna,
Como si el humo de tu veneno sobrepasara mi piel.

Quedé paralizada, con miel en las venas.
Lágrimas aún más dulces y sangre espesa.
Así, dijiste, yo sería la medicina
Para tu garganta sin voz,  tus cuerdas vocales
Enredadas por las otras mujeres que te hacen cantar.

***
La sangre brota espesa, de estas venas enjauladas,
Que me hacen gritar en silencio,
Porque te he dado mi voz, para que tú cantes

Entre cuerdas vocales desgastadas.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Winter

Photo: Aneta Ivanova

Anoche me acosté bajo la sombra de un pájaro
en el precipicio del invierno.

Hacía frío y tenía calor.
Sobre la espalda se posaban copos 
rojos y plumas blancas.
Puede que al revés.
El caso es que hacía frío,
y sólo sentía calor, como un día horizontal.

Hoy me he levantado siendo invierno,
arrastrando plumas rojas, 
con manchas blancas.

Diminuta ave salvaje sobrevolando
las esquinas

sábado, 28 de junio de 2014

Latidos


Repudio este sentir,
Tan latente en mi interior.
Que se desboca por las esquinas,
Y cae:

Ligero,

Pesado,

Efímero.

Se desprende,
De arriba a abajo
Y cesa cuando te ve.

Se esconde entre las sombras,

De este cuerpo que no siento mío
Si no es besado por el fuego

Que arde en tus labios.

domingo, 15 de junio de 2014

Mi viaje astral


Una vez dijiste que sabes que no estoy contigo cuando tienes todos los dedos de las manos, entonces te das cuenta de que todo es real.
Al despertar supuse que ya no estaba contigo, no por el vacío de la almohada, ni por el cenicero vacío, sino por los dedos de las manos. Pero despertar para mí no es realidad, porque la realidad siempre está donde nuestras manos se rozan…

Nos encontrábamos de siete en siete.
Cada siete noches,
cada siete pitillos,
cada siete horas,
cada siete copas. 
Viajeros astrales, nos amábamos en la cima del mundo,
Provocábamos tormentas con nuestra electricidad.
El vino del amor embriagaba mi alma, cuando exhalabas
El humo de aquel cigarro medio roto, como las mañanas.
De siete en siete, cerrábamos los ojos,
lejos, no sé dónde estaba tu cuerpo,
pero el mío nunca estuvo junto el tuyo,
hasta el anochecer de nuestros párpados.
“Levana” susurraban tus labios, en la lejanía,
buscándome entre las sombras que se interponían en los viajes.
De siete en siete, jugábamos a tener suerte,
entre los rizos de tu pelo y las curvas de mi cuerpo,
el escondite se quedaba en un juego de mundanos.
De siete en siete, me hiciste temer el momento,
de la realidad: mirar mis manos y saber que no estabas ahí.
Tener cinco dedos, en cada mano,
como tú y tú,
mundana a tiempo completo.
Repudio tener cinco,
porque tener seis, o mejor aún, siete,
significa anidarme en tu pecho y viajar,
vivir el sueño que los demás dejan en el olvido.
Pero abro los ojos y tengo cinco dedos,
la almohada vacía, los labios secos y los pies fríos.

Uno sabe que sigue soñando cuando en sus manos tiene más de cinco dedos. Por lo que cuando despiertas, tienes cinco dedos, y en mi caso, el corazón un poco más morado, por el tortazo contra la soledad de no verte más que en sueños y la incertidumbre de tu existencia.
Porque no sé si de verdad estás ahí, o simplemente ya no estás.
Porque no sé si piensas en mí al despertar, o simplemente ya no estoy.


viernes, 16 de mayo de 2014

Cantando a la primavera


Sólo con acercarme un instante, con ver tus manos de cerca, las pecas de tu cara, la finura de tus labios, los rizos mareantes de tus cabellos.
Sólo con sentir cómo tu voz hace eco en mi mente y tus labios se curvan en sonrisas. Cómo me miras bajo el cristal oscuro que guardan tus ojos del sol, te hago mío.

Caminar a tu lado, mientras nuestros brazos se rozan por inercia, se asemeja a esas noches en las que te tumbas en el césped o te acurrucas en un árbol, para ver una película proyectada en el cine de verano.
Sólo caminando me entra la risa tonta, mientras me coloco un mechón de pelo detrás de la oreja. Parezco un poco loca, pero igualmente te contagio y nos reímos como tontos bajo los rayos del sol, mirándonos como almas desinhibidas.

Entonces, pruebo tus labios y siento como si un montón de confeti volara por el vagón de un tren, mientras recorre las ciudades más bonitas del mundo y llueve en el exterior. Un rubor ardiente se extiende por mis mejillas, que se encienden como cerillas al notar el tacto de tu lengua sobre la mía. Siento el calor y el sudor que desprende tu cuerpo, entonces te imagino tumbándome en la cama, una y otra vez. Mientras nuestras lenguas hacen acrobacias, me tiras sobre la cama, jadeando; me tumbas en la cama, despacio, besándome el cuello; te echas sobre mi y nos caemos en la cama, riendo y besándonos. Una y otra vez. Una y otra vez.
Mientras tus manos acarician mis mejillas y recorren el largo de mi cuello me siento caer. Caer como Alicia en el hoyo mágico. Pero vuelvo a caer en la cama, donde el vaivén de tus caderas se parece a la danza del vientre y tus muslos aprisionan los míos. Siento como tus manos aprietan mi cintura contra ti, profiriendo suspiros, continuando con el ritual de besos.

Mi cabeza vuelve a esa cama, donde la velocidad de tus manos al quitarme la ropa y rasgarme la piel es sobrehumana. Respiramos como depredadores al coger aire, entre susurros y movimientos, nadamos en la emoción de nuestros ojos, guiándonos como dos faros en esta noche de pasión. Nos unimos, balanceándonos el uno sobre el otro, rozando nuestras boca, acariciando cada poro de la piel. Te veo alzarte ante mí desvistiendo al deseo, escuchando el pálpito de tus parpados y la alegría sobresalir de tus ojos.

Sólo escucho tu corazón, el recorrido del sudor bajando por tu espalda, las sábanas crujir entre tus piernas, la libertad de tus pulmones al respirar. Vuelvo a caer, embrujada, en un hoyo mágico de besos, de rayos de sol y risas tímidas. Vuelvo a caer en tus brazos, que sostienen mi cintura mientras tus labios experimentan con los míos desafiando a la primavera.


La nostalgia invadió mi espíritu al abrir los ojos y mirar al frente. Bajo el inmenso calor me veo atrapada en la inmovilidad de todo mi ser, anclada en la tierra pálida de tus pisadas. Deshojada de toda pasión, avanzo inquieta observando tu cara en la lejanía, mientras tus labios rozan tus manos, besadas por el sol. En mi interior deseo que tú también lo hayas sentido, ese canto a la primavera, esa sensación de la sangre correr por las venas. Mis ojos te buscan, y al encontrarte siento volver a esa cama, temblando de amor.

Estoy segura de que la tierra se estremece, quizás de placer, probablemente de dolor.

domingo, 11 de mayo de 2014

Mientras relucían las estrellas


Tu recuerdo se ha vuelto efímero,
se ha distorsionado con la caída de la noche.
No recuerdo cómo es el sonido de tu voz,
no reconozco el color de tus ojos,
y el viento se ha llevado el tacto,
imaginario,
que sentí al ver tu piel.

Siento que he perdido el latir de tus recuerdos,
dejándome una herida abierta, de la cual
no para de brotar el sonido de tu voz y
los agudos de tu risa.
Me has dejado una herida abierta, 
que se siente como fuego, ese fuego
que refleja el sol en tus pupilas;
un vacío incómodo en el estómago.


La cama me absorbe.
Giro a un lado, me tapo, entra viento por la ventana.
Hace frío.
Me levanto y la cierro despacio.
Vuelvo a la cama, me vuelve a absorber.
Me destapo, tengo calor.
No te encuentro en mi memoria.
Vuelvo a abrir la ventana, seguro que así vuelve 
el susurro de tus labios chocando contra mi piel.

La cama me enferma, la herida se vuelve más grande
y tus recuerdos siguen siendo efímeros. 
Siento que me deshago de la piel, como una cambia pieles,
que mis ojos se vuelven rojos y necesito buscarte,
y saciarme de tu sed.
Descendía trémulo por las sienes y las costillas un sudor,
ruborizante, mientras la luna, vieja y cansada, 
hacía eco del claro grito de mi voz al buscarte.





domingo, 9 de marzo de 2014

Marzo


Tumbada en la cama sonrío y evoco tu recuerdo, bailoteando con los dedos sobre la piel desnuda que cubre los huesos de mis caderas.

Las letras de las sábanas, páginas que cubren mi cuerpo, se deslizan por la curvatura de la espalda para bañarse en los hoyuelos de Venus; "Oh Capitán, mi Capitán", susurrabas con voz aterciopelada mientras me citabas a Whitman. Así eran las noches, horas dulces de poesía, horas de vapor en las ventanas y de canciones rasgadas, desolladas.

Me decías al oído: "Existo como soy, con eso me basta, y si nadie lo sabe me doy por satisfecho". Y yo suspiraba y me sentía pequeña e insignificante, pero me besabas y derramabas más letras sobre mi cuerpo. Tú eras poeta y yo calentaba tu almohada, expectante a cualquier historia, cita o melodía. Viajaba sobre mares oscuros, segunda de abordo en un barco de pensamientos.

"Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo", ¡cómo sonaban dichos versos en tu boca! Cada vez que oía un extracto de Whitman o de Fernando Pessoa, de poetas totalmente diferentes, mi alma corría a por maletas: una camiseta por aquí, tres pantalones por allá, ropa interior de fácil desenvoltura, mapas clásicos, libretas y libros, muchos libros. Mi alma quería comprar los billetes con el destino más lejano que tuviera cualquier estación e irse, contigo, con tu alma. Pero nos quedamos aquí, entre las sábanas de letras, entre versos y sudor.

Un día, las letras de las sábanas que creí interminables comenzaron a desparecer, y con ellas tú. Me quedé esperando con velas encendidas y la ventana cerrada, por si se te ocurría tirar piedrecitas, pero nunca llegó a azotarla otra cosa que no fuera el viento o la lluvia. Los cristales ya no se empañaban de sudor y versos, solo se mojaban de lágrimas que caían del cielo.

Las sábanas quedaron mudas, ya no contenían letras, ya no se enredaban las estrofas en mi pelo. 


jueves, 30 de enero de 2014

Poemas oscuros III


Hoy no soy, ni quiero ser.
Siento que no fui. 
Que los pasos que un día dejé a mi espalda 
han sido borrados por el mar.
Mar de monstruos, de batallas y bombardeos,
tan feroces como el mar sin vida.

Hoy no soy, ni quiero ser.
Camino bajo una estela de angustia que borra los caminos del mañana.
Niños perdidos corren siguiendo la dulce melodía de la flauta mágica.
Me miran
Ellos no son, ni serán. 
Parecen haber olvidado lo que fueron.
Se dejan llevar, no piensan.
Parece fácil: primero una pierna, luego otra; la mente vacía.
Sólo existe una melodía mágica, absorbente.

Ya no soy, no seré,
he olvidado lo que fui.


miércoles, 29 de enero de 2014

El juego de tus ojos

[...]El tacto de la hierba en mis pies,
las gotas de lluvia cuando el cielo está demasiado gris,
las manchas negras del tintero en las piezas de ajedrez.
Empieza el juego. 
Un juego promovido por los Dioses.

Tus ojos, esas motas de colores:
-turquesa, verde, amarillo-
Conforman todos los Dioses del Olimpo,
que llegan, te miran y te arrodillan a sus pies.

Eso son tus ojos, grandes motas de colores que ordenan.
Sólo ordenan.
Ordenan el caer de la lluvia,
el tacto del césped en los dedos de los pies,
el jaque mate al rey[...]