domingo, 17 de marzo de 2013

Inefable..



Me pregunto qué estarás haciendo ahora mismo allí, tan lejos, mientras yo deambulo por los rincones de mi cuarto, con música suave, un tanto melancólica.

Me ilusiono. Me desilusiono.

Suenan golpes en las ventanas y me imagino que vienes como Peter Pan para llevarme al País de Nunca Jamás, a que te cuente cuentos de amor y de guerras.

Me ilusiono. Me desilusiono.

Son las gotas incesantes de lluvia, que se burlan de mis fantasías, dejándome una realidad un tanto húmeda por tu ausencia.

Suspiro. Respiro. Aspiro. Suspiro.

Rodeo las curvas de la guitarra y la estrecho contra mi pecho. La suelto. Tecleo el piano. Doy vueltas sobre mi misma, creando huracanes de recuerdos y de palabras.

Te veo. Desapareces. Me veo a mi misma. Desaparezco.

Tus caderas vienen y van, tus pasos no han dejado huella en el suelo. Quizás la lluvia se ha encargado de borrarlas para que te alejes de verdad y no encuentres el camino de regreso.

Cierro los ojos y te veo, mantengo el alma despierta. Camino con los ojos cerrados y contigo al lado, pero me doy de bruces contra el suelo. Me levanto y abro los ojos, y la verdad es que no estás y, que en el fondo, nunca has estado.

Abro los ojos y no te veo, cierro los ojos y vislumbro tu sombra, que se ha quedado atrapada en el cajón de mis recuerdos.

Camino, con los ojos abiertos, mientras una leve melodía repica por mis oídos: “estoy cayendo por el hueco de tus ojos, pero ellos todavía no me conocen”.