sábado, 17 de marzo de 2012

Megan

Megan se meció en el sillón centrándose en el sonido que producía el vaivén de los movimientos de la mecedora que tenía enfrente - ahora vacía, como ella-.
Desvió la mirada de esta, apoyando la cabeza en el hombro derecho - abriéndose camino a los besos que le deberían embriagar en el lado izquierdo de su delicado cuello-.
El silencio le envolvía, la oscuridad incrementaba sus miedos, la soledad abrazaba sus hombros desnudos, y los recuerdos paseaban - sin permiso- por su mente.
Bajó los párpados y se permitió sentir - aunque le doliera-.
Olores. Sabores. sonrisas. Miradas. Su voz. Su tacto. Su amor jugando al poker con mentiras, con faroles de traición.
Súbitamente, abrió los ojos y gimió al hincarse las uñas a lo largo de sus brazos y de sus caderas. Sintiendo profundo dolor, reprimió el grito que tanto ansiaba proferir y, calmando su respiración, se permitió deslizar una pequeña cascada de lágrimas por sus cálidas mejillas.

Él, de pronto, estaba allí, arrodillado ante ella, apartándole el dolor, devolviéndola su amor.

sábado, 10 de marzo de 2012


Tus huesos son las piezas del rompecabezas de mi cuerpo; tu sangre la vitamina que piden a gritos mis carencias; tus músculos son la belleza y la fortaleza, son los muros que protegen a mi pequeño castillo; tu piel, el abrigo que me arropa del frío… Tus manos, las marionetas que ejecutan mi risa; tus brazos, el cinturón que sustenta mis caderas. Tu risa, tu risa es el eco que se produce en mi mente durante cualquier silencio; tu sonrisa el calor que derrite la escarcha de mi alma. Tus labios... son los susurros de tu corazón contra mi boca y tus ojos, las vías que transportan la luz a mis mañanas, mis tardes y mis noches.

Aquellos días de su vida

Caminó, despacio, por las calles de los recuerdos. Posó una delicada flor de almendro en cada uno de los pasajes que ella creía conocer y en los que se mostraba un ápice de sentimiento.
Sintió como la brisa le traía imágenes de una pareja bailando lentamente, mientras que el viento se divertía con sus cabellos, envidioso de la danza que llevaban los enamorados.

Él bailando, gritando, besando y suspirando. ¿De verdad que solo era una invención de su imaginación?
Se agazapó en el mismo lugar donde un día vivió el amor, sintió como la realidad le azotaba la cara; observó sus manos, contemplando con sollozos esa sortija que rodeaba su dedo.

-Esa mañana se había levantado de la cama después del accidente, y sintiendo el gran vacío, siguió sin recordar nada-

martes, 6 de marzo de 2012

Almas

Las feroces voces me envolvían creando remolinos a mi alrededor. Simulaban grandes alas que se batían fuertemente, una y otra vez.
Turbaban la mente y la crispaban, me llevaban de un lado a otro mientras que me guiaban por un camino oscuro.
Yo sólo quería gemir su nombre y que acudiera a rescatarme de ese pozo extraño al que esas alas me trasportaban.
Yo sólo rogaba volver a visualizar su cara y percatarme de que seguía ahí, de que no se había marchado.
Le reclamaba; gemía, lloraba. 
-me envolvían las alas arropándome como la noche, con la oscuridad de los ojos de la muerte- .