jueves, 12 de enero de 2012

Fue un milagro lo que ví.

Me escapé de las camas con correas y me asomé a la terraza, apenas se movían mis huesos, pero aquel sol, tan potente y protector, supuso la mejor medicina que podían haber recibido mis venas.
alcé la vista y la posé en el otro ala del centro. El lugar donde las vidas entran y salen, vienen y van.
Fue en aquel lugar donde empecé a creer, donde mi cordura se aguzó, o como dicen otros, se perdió.

Una mujer iba tumbada en una camilla mientras que atravesaban el patio. Tuve una extraña sensación, quizás porque no andaba muy bien, o porque veía como su aura se apagaba. De pronto me percaté de todo, estaba embarazada.
No lo dudé ni un momento, me colé entre los barrotes de la terraza y, deslizándome despacio por los pasillos, me escondí en el lugar donde iba a suceder todo.

Todo era un caos, instrumentos extraños por un lado, enfermeros corriendo por la habitación por otro, un marido casi más pálido que yo, exigiendo un médico especialista[...]
Los minutos pasaron y me parecieron horas, mi cuerpo menudo crujía y se quejaba pero le hice caso omísono y seguí observando. De pronto se escucharon unos pitidos, una alerta, varios gritos y, al segundo, un llanto.
A partir de ese momento mis ojos, grandes y desorbitados,vieron algo extraordinario. Aquel ser recién nacido era arropado por algo mágico mientras que su madre fallecía en el acto.
Al cabo de unos minutos, rompiendo ese silencio, se escuchó un leve murmullo: " Lástima que ella no pudiera ver a su hija"

Cuando volví a mi habitación, me acurruqué en el rincón de la ventana. Ellos no vieron lo que yo vi;muchos piensan que estoy más loca, otros tantos dicen que puede ser verdad, pero yo lo verifico con mi sangre: La mujer dio la vida por su hija, expiró su ultimo aliento por ella, pero no se fue, la arropó con sus brazos, la besó en su delicada cabeza, y la meció en sus brazos. Brazos delicados, brazos invisibles.

                                                                         Pero ella no se fue, se convirtió en su ángel de la guarda.

miércoles, 11 de enero de 2012

Rendirme entre sus brazos,
 besarle entre suspiros, 
acariciarle el pelo y,
 resbalar los dedos por su espalda.

Sentir su calor oprimiéndome el pecho,
 compartir besos repletos de sentimiento.