lunes, 12 de diciembre de 2011


Corazón, grande y cálido como los rayos del sol, no tengas miedo, ¿por qué no te acercas?
Oh... así, hazme sentir, derrite la escarcha que rodea esta cueva palpitante, y quédate, pasa, sin rencores ni celos, sin enfados ni reproches.
Sé mi huésped, sé parte de mi.
Cúrame, poco a poco, líberame de los males que rondan por la soledad, de las pesadillas que se cuelan en la noche y de los celos que crispan mi nervios.
Quédate y transformame en delicada rosa de la pasión.
Transparente y fiel, quédate conmigo, cuidame y haz que te necesite hasta que un día, seamos el uno tan  parte del otro que sintamos que allá donde vayamos siempre estaremos juntos; escuchando el eco  que produce el boom boom de esa cueva, ya cálida y pura, al palpitar.