lunes, 24 de octubre de 2011

Todo en su vida es peculiar, especial, diferente, difícil. Es una vida como cualquier otra, compuesta por las dos caras de la moneda, la cara buena, la de la vida feliz, y la cara mala, la de la vida triste y desgraciada.

Camina por la calle y los hombres le susurran imprudencias. A veces les sonríe y camina con orgullo y, otras, pasa cabizbaja por delante adquiriendo la mayor repulsión posible, odiándose a sí misma y a sus cualidades especiales.
Vive con miedo de abrir la boca un día y decir lo que piensa de verdad,  lo que la inquieta, lo que la mata por dentro, lo que ha hecho o deja de hacer, y que la juzguen y la encierren de nuevo.
Tanto tiempo ha estado conviviendo con los sentimientos de rencor, tristeza, soledad, incomprensión y amargura que hoy en día tiene que hacer grandes esfuerzos por mostrarse alegre, feliz y abierta a los demás, de aceptar su vida tal y como es y arriesgarse a vivir.
Pero todo arriesgo tiene un precio y ese es fallar. Fallar echando a perder de golpe todo por lo que había luchado, fallar cayendo de nuevo en ese frío mármol, notar como las rodillas resbalan por el suelo y sentir como los dedos rozan la garganta y producen gorgoteos aterradores.

sábado, 22 de octubre de 2011



Todo allí es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu con su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre


(Los ojos verdes, Bécker)

lunes, 17 de octubre de 2011

Vestida con su capa nueva, se adentró en las calles más oscuras del pueblo, las más lejanas y siniestras.
Sostenía una rosa tintada de azul en su mano derecha mientras que en la izquierda llevaba un ramillete negro.

Todavía reinaba la noche y el ulular de los búhos le causaba inquietud, pero aquello no la echaría atrás.
Los farolillos alumbraban los nombres de cada lápida cuando llegó a su destino, se sentó  a los pies de la tumba y se bajó la capucha dejando ver su rostro pálido con rosados surcos en las mejillas, unos ojos oscuros y alargados, ojos que muestran frialdad desde aquel día, desde que ella decidió separarse del mundo y dormir en aquellas calles de flores y dolor […]

Posó la rosa azul bajo el nombre de su amiga y puso el ramillete en el jarrón. Se tumbó junto las flores y comenzó a contarle, como todos los meses, cómo le iba sin ella, cómo seguía con su vida…
Una minuciosa cascada de lágrimas bañaron los grabados de la lápida, que la recorrían como un pequeño riachuelo hasta llegar a la rosa azul, bañándola como si fueran gotas de rocío.

Cuando comenzó a amanecer se levantó, colocándose la capa y mirando fijamente, como si intentara visualizarla, susurró: “Te veré en los viejos lugares de siempre”

jueves, 13 de octubre de 2011

Tantas veces perdió lo que tanto quería;  tantas veces se subió en aquel  frío columpio y, echando la cabeza hacia atrás, reflexionó sobre la vida, indagó sobre el amor, imaginó andar sobre la luna y luchar contra el fuego.

Cuantas veces intentó ser mala, hasta que lo fue de verdad.
Cuantas veces jugó a ser mayor y a amar a los demás...hasta que un día dejó de sentir.

Una vez, amó a alguien bajo la lluvia de una tarde y esa semana fue la más feliz de su vida. Pero esos ojos  verdes se perdieron por querer tenerlo todo…Lo dulce de unos ojos verdes y lo intrigante de unos oscuros.
Más tarde encontró unos ojos compuestos por el sol y la luna, por un eclipse… Ojos que acabaran perdiéndose por los rincones de la memoria pero que nadie podrá robarlos de ahí.



De tantas cosas que hizo aprendió varias en la vida…¿una de ellas? No tener miedo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Intensamente, sin delicadeza alguna, la empujó contra la pared y le subió la pierna a su cintura. Ella, siguiéndole el juego, le apartó con una patada y se dirigió al sofá mientras que se desabrochaba la camisa dejando ver unos hombros violáceos, al fin sin pudor ni pena, abriéndose a un presente sin miedo, dándose otra oportunidad con aquel chico que tanto deseaba [...]
Él, arrojando el último cigarro al suelo, se acercó ágilmente y cogiendo a la chica por detrás, la llevó en brazos hasta la cama. Le retiró el pelo de los hombros magullados y haciendo como si no tuviera importancia centró sus ojos verdes en aquellos dorados y grandes.
La dejó caer en la cama y observando su belleza comenzó a besarla, a recorrer su cuerpo con sus labios desde los tobillos hasta el interior de sus muslos. La chica profirió un suspiro que trasformó el ambiente delicado en una burbuja de pasión y de calor; los besos llevaban a las caricias, las caricias al deseo y el deseo a la tentación. [...]
Movimientos ágiles, acompasados en un mismo ritmo, con una sola melodía...graves y agudos, un mismo significado.

Horas después, abrió los ojos y observó como la respiración del chico subía y bajaba su pecho, se percató de todos sus lunares y las marcas de sus huesos y musculos; acarició el contorno de su cara, se puso la camisa y se fue.
Se fue dejando atrás el pasado, el presente, se fue con la esperanza de que la buscaría; se fue dejando atrás más que la  simple inocencia.

domingo, 2 de octubre de 2011

Bienvenido al mes de las brujas.

Bienvenido al mes de las brujas, época en la que la chica dulce desaparece cuando cae la noche, y es entonces cuando una pícara sonrisa se dibuja en su cara y una extraña luz se apropia de sus pupilas. Una luz capaz de hechizar a cualquiera que se interponga en su camino, luz intensa, tan intensa como los pozos de la luna, tan potente como los faros del mar.
Es en esta estación en la que tienes que ser precavido, no cruzarte en mi camino porque si lo haces, y nuestras miradas se cruzan, seré tu peor pesadilla y tu mejor sueño, seré lo que más añores y lo que menos tendrás, seré parte de ti, estaré siempre contigo, pero desde la lejanía, desde la otra cara de la luna, luna ávida que será la que con sus ojos grises te vigile y te haga recordar cada noche, cuando ésta caiga, dónde te has metido.


Esperar a que la luz de tu sol y la luz de mi luna se fusionen en uno solo, formando el eclipse más bonito del firmamento.